16 de març 2008

La fama



Como intermedio en la descripción de miviaje por este mundo tan grande y terrible, voy a contarte algo muy divertido respecto de mí mismo y de mi fama. A mí no me conoce más que un círculo de personas bastante reducido; por eso mi nombre se deforma a menudo de las maneras más inverosímiles: Gramasci, Granusci, Grámisci, Granisci, Gramasci, hasta Garamascón, sin contar las más curiosas formas intermedias. En Palermo, durante cierta espera, mientras revisaban los equipajes, me encontre en un depósito penal con un grupo de obreros de Turín camino de su destierro; junto con ellos iba un tipo formidable de anarquista ultraindividualista, conocido por el "Único" [...] el "Único" reconoció entre los criminales comunes (mafiosos) a otro tipo siciliano detenido por causas mixtas, entre lo político y lo común, y nos presentó; el otro me miró un buen rato y luego preguntó: "¿Gramsci Antonio?" Sí, Antonio, contesté. "No puede ser", repuso él, "porque Antonio Gramsci tiene que ser un gigante, y no un hombre tan bajito". No dijo nada más, se retiró a un rincón, se sentó en un instrumento de indecible nombre y se quedó allí, como Mario ante las ruinas de Cartago, meditando sobre sus perdidas ilusiones.

Antonio Gramsci
Carta a Tatiana Schucht [Cárcel de San Vittore, Milán, 19-II-1927]