17 de des. 2008

Congreso de CCOO d'España: el debate

Este blog tiene por norma el ser escrito en la lengua propia del rincón del mundo que lo acoge. Hoy hacemos una excepción ante alguna solicitud amiga. No se me mal acostumbren los lectores aljados en rincones del mundo vecinos.

Ni en dioses, reyes, ni tribunos
está el supremo salvador
La Internacional

Dos son las cuestiones que centran el debate de este 9o Congreso de CCOO de España que empieza en unos cuantos minutos. La primera qué estrategia y planteamiento ha de ser el del sindicato ante la actual crisis económica. La segunda qué personas deben conformar los equipos de dirección para llevar a cabo dicha estrategia. En relación a los contenidos de la reclamación y acción sindical existe un amplio acuerdo. En cuanto a los equipos humanos llegamos con desacuerdo que habrá que ir retejiendo estos días y que se plasma en dos candidaturas a la secretaría general: Toxo y Fidalgo.

¿Estamos pues, como dice José Luis López Bulla ante una crisis meramente de dirección? O como aseguran otros observadores, no exentos cierta carga cínica, de un "quítate tu pa ponerme yo"?
Y es que la existencia de dos candidaturas responde a la existencia de dos verdaderas opciones sindicales de fondo. Ciertamente hay consenso en el "qué hacer" en cuanto contenido, pero existe un profundo debate en el "cómo hacerlo", y ésta no es una cuestión nada menor.

Ante la descentralización del estado y de la empresa como y desde donde debe actuar el sindicato? Esta es la cuestión a la que los 1001 delegados del congreso deben dar respuesta estos días. Desde los tiempos de nuestros tatarabuelos anarcosindicalistas el sindicato se organizó en federaciones de sector como mejor manera de organizar a los trabajadores de la empresa fordista: aquella en que todos cobramos del mismo despacho, hacemos los mismos horarios, llevamos el mismo uniforme y, fruto de nuestras conquistas, tenemos un mismo convenio y una misma representación sindical: el comité de empresa. Hoy esta empresa ha pasado a la historia. Hoy las dinámicas de subcontratación y las nuevas formas d organizar la producción hacen que en el mismo proceso productivo intervengan trabajadores que cobran de NIFs diferentes y con condiciones de trabajo absolutamente desiguales. Ya no todos tenemos el mismo convenio ni estamos representados por el mismo comité. Además vivimos en territorios diferentes de un estado cuasi federal, lo cual implica diferencias (que no necesariamente desigualdades) a la hora de pagar impuestos y recibir prestaciones del estado de bienestar. Pero también, a la hora de definir las políticas económicas. ¿Puede un sindicato organizado por federaciones sectoriales y territorios ser el espacio de encuentro útil para todos nosotros? Sí, con una condición: que estos diferentes centros de decisión (al final somos confederación) no sean autárquicos, que no se instale la cultura de que cada uno en su casa hace lo que estima oportuno a cambio de no pedirnos cuentas entre nosostros.

Por contra se trata de ponerse de cara ante las oportunidades de avance en derechos y en intervención sindical que supone el estado descentralizado, de convertir el espacio confederal (el que nos es común) no en una taifa más de tantas, sino en el punto de encuentro, de definición de espacios de colaboración y coordinación. Y sobre todo de no considerar el mandato que da un congreso al elegir a un secretario o secretaria general como un cheque en blanco para hacer lo que a cada cual le venga en gana.

Este es el debate. Veremos como discurre.